Concurso Microrelatos 300 Aniversario Botín

PRIMER PREMIO: Cita a Tres (Manuel Izquierdo).

SEGUNDO PREMIO: Nos reuniremos todos (Ignacio Perez).

TERCER PREMIO: El enigma desvelado (Fernando Mariano Garrido).

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Explora los relatos que ya han sido enviados, inspírate…
 ¡Y cuéntanos tu historia!
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MICRORELATOS PRESENTADOS A CONCURSO

Descubre las historias que otros han compartido sobre Botín: recuerdos, invenciones, personajes curiosos y homenajes literarios. 

La Luz de las dos y cuarto

Siempre ha sido igual.

A las dos y cuarto, el sol se cuela por el mismo ángulo, roza la esquina de la mesa seis y deja una

mancha de oro temblorosa sobre el mantel. Cada día. Cada año. Cada siglo.

Ni los camareros lo notan ya. Pero esa luz lo ha visto todo.

Vio al joven soldado que apretaba la mano de su madre antes de partir. Vio al poeta anotar un

verso entre plato y plato, convencido de que no lo olvidaría. Vio cómo un niño derramaba la sopa y

lloraba como si fuera el fin del mundo, mientras su padre -duro, torpe, nervioso- le ofrecía pan por

primera vez.

Vio brindis con acento extranjero, promesas en voz baja, traiciones dulces.

También vio cómo ella dejaba de venir.

Era siempre a las dos y cuarto. Ella llegaba puntual, se sentaba sola, y sonreía como quien guarda

un secreto. Un día no volvió. Pero la luz siguió viniendo, igual que antes, como si aún la esperara.

Botín ha cambiado. Las paredes, los nombres, el precio del vino.

Solo la luz es fiel.

Y cada mediodía, cuando cruza la mesa seis, parece que algo -una risa, una ausencia, un

recuerdo- brilla unos segundos y luego se va.

Toda una vida

Paseábamos por Cuchilleros cuando, de pronto, paraste frente a Botín. Pusiste
esa expresión castigada de explorador sin brújula a la que ya me has
acostumbrado y fijaste la mirada en la puerta.

-¿Tienes hambre? – pregunté.
Entraste sin responder. Te seguí. El aroma que nos recibió, un velo suave de
vinos y carnes, me transportó enseguida hacia un tiempo sin manchas en la
piel ni asomos de despedida en cada gesto en el que el futuro no nos
preocupaba. Durante años fuimos clientes habituales de ese restaurante y traté
de recordar, sin suerte, nuestra última comida.
Nos sentaron junto a una ventana. Quise pedir algo fácil de masticar, pero te
negaste.

-Cochinillo para dos – dijiste.
Mientras esperábamos, guardamos silencio. Este silencio de espinas que nos
envuelve desde tu diagnóstico, y que sólo fue roto por el tintinear de los platos
y los vasos que llenaron nuestra mesa. Empezamos a comer y enseguida tu
rostro se relajó. Sonreíste y supe que habías regresado por unos minutos a
esta parte de la existencia.
-Llevabas un vestido blanco la primera vez que vinimos aquí. Yo estaba tan
nervioso que te lo manché con mi copa. Aquel día pensaba pedirte que te
casaras conmigo, pero no me atreví.

Me acariciaste la mano con tu confesión, y tuve que morderme las mejillas para
no llorar.

En cuanto salimos a la calle tu burbuja te atrapó de nuevo. Desde entonces,
siempre que siento la amenaza del olvido, volvemos a nuestra mesa de Botín,
pedimos cualquier cosa y al instante recuperas para los dos partes de nuestro
matrimonio que creíamos perdidas. Desconozco cuánto durará este prodigio
gastronómico que te despierta, ni cuál será tu extravío definitivo, pero sé que
mientras conservemos los dientes tendremos en el restaurante más antiguo del
mundo un aliado.

Cita a tres

La escalera saludó su llegada a la segunda planta del restaurante con el agradable crujido de la madera veterana. Por un momento dudó y ese momento de vacilación le hizo comprobar que en su bolsillo descansaba aún la intrigante invitación a cenar en el Botín, sin más detalles que aquella lacónica firma: La Duquesa.
Instintivamente, se arregló la ropa y atusó su pelo negrísimo, apenas roto por aquel mechón eternamente plateado. Sus ojos de color madreperla escrutaron la sala de inmaculado suelo en damero blanco y negro. En la única mesa ocupada había una sonriente viejecita de pelo ondulado, que atacaba complacida un suculento plato de cochinillo.
—Siéntese, joven —dijo la abuela sin perder la sonrisa—. Imagino sus dudas, pero por favor acompáñeme dando cuenta de esta cena y prometo aclararlas todas.
El joven obedeció, hechizado por la presencia amable de la anciana. Inmediatamente, un diligente camarero le sirvió una copa de brillante tinto y una porción del aromático cochinillo, situándose a su espalda discretamente.
—Yo soy quien le ha invitado a esta pequeña celebración. Concretamente, estamos celebrando mi reciente viudez —comentó sorprendentemente divertida la mujer—. Sé que es poca información, pero le aseguro que, a lo largo de la cena, le daré toda la que necesita. No se preocupe, pero, ahora, me interesa más conocerlo a usted.
—Eso es sencillo —contestó algo aturdido el muchacho—. Tengo treinta años, soy soltero y trabajo como maestro.
—¿Y sus padres viven? —continuó ella sin tiempo para el descanso.
—Me crie en un orfanato, nunca conocí a mis padres.
—Eso tiene arreglo —dijo la risueña anciana, achinando sus ojillos color madreperla, mientras cruzaba miradas de complicidad con el sonriente camarero, que atusaba su pelo negrísimo, apenas roto por aquel mechón eternamente plateado.

Nos reuniremos todos

Aquella serie televisiva no era producto de la imaginación de unos guionistas. Siempre sospechó que estaba basada en hechos reales y dedicó tiempo y esfuerzos a descubrirlo. Se entrevistó con expertos, consultó documentos y finalmente se lanzó a recorrer algunos de los laberintos subterráneos que se entrelazan en el Madrid de los Austrias.
-¡Rediós…! -dijo con profunda sorpresa. Soltó tan ruda expresión al descubrir que su búsqueda había terminado. Aunque solo veía un estrecho pasadizo y unos escalones en sentido ascendente, supo, nada más abrirla, que esa era la puerta. Y que al cruzarla para encontrarse frente a los vinos allí almacenados se adentraba en una nueva dimensión.
Estaba en la bodega de un venerable establecimiento. Posiblemente, del restaurante más antiguo del mundo. Confirmó la impresión al reconocer un reloj de péndulo y supo lo que estaba ocurriendo cuando vio a un inconfundible cliente sentado en la mesa que había ocupado cien años antes. La compartía con Lady Brett Ashley, protagonista de la novela Fiesta. En ella Hemingway dejaría escrito que su acompañante “no tomó gran cosa” y que abrieron tres botellas de La Rioja Alta. La misma cantidad que solía beber en Pamplona cuando al término del encierro disfrutaba del almuerzo.
Aquel nuevo viajero del tiempo comenzó a deshacer los pasos recorridos pensando en sucesivos retornos. Así iría conociendo a muchos de los protagonistas de la vida literaria, política, artística y social de los últimos siglos. Si bien, nada de todo eso sería necesario. Al cruzarse en su apresurada huida con un personaje al que no terminaba de identificar creyó escuchar la última revelación:
-Solo tienes que volver una vez más -le dijo-. Nos reuniremos todos cuando Casa Botín cumpla trescientos años.

Botín. Olores de un Madrid decimonónico

“…del Portillo a la Arganzuela…”
Así cantaban en “Las Leandras” sobre un Madrid del “chotis” y las verbenas, que re-
cibían nombre, por esas plantas recogidas de madrugada entre bailes, rondando San Juan, que acuñó el dicho “irse de verbena”. Plantas aromáticas, cuyo olor y fragancia similar al limón, no pudo, “ o no quiso”, impedir en un final de siglo de modistillas u organilleros, que imperasen también otros olores. Churros, entresijos, gallinejas, o el omnipresente cocido, de “Sota, Caballo y Rey”: sopa, legumbres y “sacramentos”. Puchero que Galdós frecuentaba, en aquella Posada-figón “Sobrino de Botín”, por lo que Valle-Inclán, con ácida crítica, le llama “Benito el Garbancero”.
Y si, elaborar recetas, es como pintar cuadros, de algo le debieron servir aquellas , cuándo se dice que, por sus cocinas hoy tricentenarias, aparece un joven Francisco, nacido en Fuendetodos, recién llegado de Zaragoza , para lavar platos e impregnarse, como su pincel, de colores y olores con sus guisos, en su ininterrumpido horno de leña.
¿Un Goya de 17 años, buscándose la vida entre cazuelas, en aquel inicial Botín? ¿Realidad? ¿Relato? Pudo ser.
Aquel Portillo de “Las Leandras”, cerraba la “cerca” de Felipe IV, por Embajadores y Peñuelas. Sus desagües en la alcantarilla general, aún no libre de olores, vertían a la exigua corriente del Manzanares ( “aprendiz de río” sentencia Quevedo).
A aquellos, se sumaba el olor a jabones de los lavaderos y el de las “casonas” de ganado, destinado a las naves del matadero cercano.
Según narra Baroja en “La Busca”, barrios con olor a molleja y lejía, también magistralmente descritos , en “Fortunata y Jacinta” por Galdós.
Olores de un Madrid decimonónico. Olores de aquel Madrid en blanco y negro de Don Pío o Don Benito. Olores de cocina tradicional, que hoy, en la calle de Cuchilleros, aún degustamos… ¡ 300 años después !
La luz de las dos y cuarto – Doménico Camus
Siempre ha sido igual.
A las dos y cuarto, el sol se cuela por el mismo ángulo, roza la esquina de la mesa seis y deja una mancha de oro temblorosa sobre el mantel. Cada día. Cada año. Cada siglo. Ni los camareros lo notan ya. Pero esa luz lo ha visto todo. Vio al joven soldado que apretaba la mano de su madre antes de partir. Vio al poeta anotar un verso entre plato y plato, convencido de que no lo olvidaría. Vio cómo un niño derramaba la sopa y lloraba como si fuera el fin del mundo, mientras su padre -duro, torpe, nervioso- le ofrecía pan por primera vez. Vio brindis con acento extranjero, promesas en voz baja, traiciones dulces. También vio cómo ella dejaba de venir. Era siempre a las dos y cuarto. Ella llegaba puntual, se sentaba sola, y sonreía como quien guarda un secreto. Un día no volvió. Pero la luz siguió viniendo, igual que antes, como si aún la esperara. Botín ha cambiado. Las paredes, los nombres, el precio del vino. Solo la luz es fiel. Y cada mediodía, cuando cruza la mesa seis, parece que algo -una risa, una ausencia, un recuerdo- brilla unos segundos y luego se va.

Rey Botín

-¡Majestad, escapémonos! ¡Vayamos a tomar un vino! La vida en palacio es rígida, distante, poco agradable. Vamos señor, ¡que un día es un día!
Eran las palabras de Antonio, el fiel ayuda de Cámara del Rey cuando empezaba a anochecer, un 24 de noviembre de 1725.
-Señor, conozco una taberna recién abierta, a cinco minutos de palacio, cerca de la Plaza Mayor, donde hacen las viandas más apetecibles que os podáis imaginar. Lo más alejado de los almuerzos protocolarios que tanto os aburren.
Tras pensarlo varias veces, el Rey accedió y le dijo:
-Antonio, espero que ese lugar del que me hablas no me decepcione. Sabes que he probado los mejores bocados de nuestra querida España y de tantos otros países por los que he viajado y, aunque me apetece salirme de la rutina de palacio, ni mi paladar ni mi estómago me permiten ya ciertas licencias, pero daremos una oportunidad a esa nueva taberna.
Sin guardias reales, ni alabarderos, ni custodios de otro tipo salieron intentando no dejarse ver por ese Madrid de candiles y luminarias de aceite. La calle en noviembre está semivacía, así que llegaron rápido y sin ser reconocidos.
El ambiente en Botín era especial. El contraste entre la calle fría y solitaria y la taberna casi llena, ruidosa y sobre todo caliente les hizo sentirse como dos amigos que fueran allí a diario. Antonio no se lo creía. ¡Estaba en Botín con el Rey sin que nadie se percatara!
Las viandas no defraudaron a ninguno. Verduras, asados y vino llenaron sus estómagos como pocas veces antes.
De regreso a palacio, el Rey que era poco hablador, se detuvo un instante. Antonio, se temió lo peor y, entonces, el Rey le dijo:
-Antonio, tendremos que repetir.
Repitieran o no, Antonio mantuvo siempre el secreto.

Un poco de Gloria

Mi mujer y yo llegamos a Madrid casi al mediodía. El momento perfecto, por otra parte, para acercarnos al restaurante Botín y disfrutar de una suculenta comida. Teníamos mesa reservada. Fue llegar, sentarnos y mezclarnos con los olores: era otro lugar, otro mundo, calles por las que había paseado Galdós y ahora estaban con nosotros. El Madrid castizo, los rincones más olvidados, que volvían ahora a nuestra memoria. Ya de niños, mi mujer y yo jugábamos cerca del restaurante y nos embriagaban los aromas. Me prometí que, si alguna vez, se convertía en mi esposa, la primera comilona sería aquí. Y cumplimos. Después, volvimos a encontrar el restaurante en las páginas de Galdós y sonreímos. Seguimos viniendo. Hoy, el solomillo Botín al champiñón se deshace en mi boca. La primera comida, una sopa, nos supo a gloria, como esta. Nieves, mi mujer, me mira y sonríe. Sabe que, ahora mismo, estamos en el mismo lugar, un Botín que ha recorrido una y otra vez nuestros días.

El sabor del tiempo

Desde el otro lado del mundo, donde los fogones chisporrotean con aromas exóticos y las mesas están cubiertas de historias de calle, mi alma se sienta a la espera de una luz que ya no es solo un fuego: el restaurante Botín. Se dice que el más antiguo del mundo, con sus paredes de ladrillo quemado y su techo de madera que cruje bajo el peso del tiempo, guarda recuerdos de reyes y rumores de amantes.
Yo, chef de la nueva cocina, llevo en mi pecho la pasión por los ingredientes que bailan entre fuego y agua. Cada día en mi cocina es una batalla contra lo ordinario; cada plato es un poema que espera ser leído. Pero hay un verso que no he podido completar: el sabor auténtico del cordero asado al horno de leña de Botín, ese que se dice que ha sido cocinado desde 1725.
El deseo se vuelve drama cuando recuerdo la primera vez que escuché la historia: un anciano maestro que me contó cómo su abuela le había enseñado a usar la piedra volcánica para cocinar el cordero más tierno bajo las estrellas de Madrid. Sus ojos brillaban como brasas; su voz era un eco del pasado. Me dije a mí mismo: “Este es mi destino”. Y así, con cada ingrediente importado y cada receta experimentada, me preparo para cruzar mares y montañas.
El anhelo crece cuando pienso en la cocina de Botín: las largas vigas que sostienen el techo, el olor a madera quemada mezclado con la brisa nocturna, el murmullo del río Manzanares que parece susurrar secretos antiguos. Quiero sentir ese aire en mis pulmones, cociar bajo esa luz tenue y escuchar el crujido del horno como si fuera una sinfonía ancestral.
La historia me impulsa a seguir adelante. He enviado cartas al restaurante, enviado fotos de mi cocina al mundo entero y he esperado una respuesta como si fuera un faro en la distancia. Cada día me acerco más a esa meta con la certeza de que mi deseo no es solo mío; es un puente entre dos mundos culinarios.
Y ahora, mientras escribo este microrelato en mi cuaderno, siento cómo el fuego interior arde más fuerte que nunca. El sueño sigue vivo: cruzar fronteras para conocer Botín y llevarle a casa la chispa del fuego antiguo junto a mi propio toque moderno. Porque en cada plato se escribe una historia y yo quiero escribir la mía junto al legado del restaurante más antiguo jamás construido.

EL ENIGMA DESVELADO

Mi abuelo, trabajador en Random House, me dejó al morir una carpeta con escritos y recuerdos, entre ellos una hoja amarillenta con un soneto que había recibido de James Michener en 1968, cuando entregó el manuscrito de Iberia para ser publicado. Decía:

Entre cuchillos y fiesta, la condesa
Se quitaba el calzado sin cordura
Hemingway rechazaba el agua pura
La del Alba olvidaba ser duquesa
Ni Truman ni Graham se pensaron
Compartir con Galdós su gran Fortuna
Bebiéndose las uvas de una en una
Entre ricos manjares que allí asaron
Allí juntáronse pueblo y realeza
No busquéis bajo puerta ni ventana
Entre baldas, la alacena y tu cabeza
El secreto poco a poco se desgrana
Pues la fecha se tornará en certeza
Si al Barón te lo encuentras en jarana

En junio de 2025, preparando mi viaje a España para perfeccionar el idioma, recordé el viejo enigma y quise resolverlo. Descubrí anotaciones del abuelo que decían: “Truman Capote”, “Graham Greene”, “¿Duquesa de Alba?”, “Galdós”, “Hemingway” y “Condesa descalza ¿Ava Gardner?”. Metí esos nombres en la IA añadiendo “manjares” y “asados”, y ¡Eureka!, saltó la respuesta: “Restaurante Botín, Madrid”. A mis 22 años no podía entenderlo, pero busqué y comprendí. Esos personajes, también Michener, habían tenido en Botín su casa. Ya en Madrid, me fui al Restaurante y mostré mi descubrimiento. Indagamos en las alacenas y en una de ellas, que quedaba a la altura de la cabeza, al palparla con fuerza dejó al descubierto un secreter oculto con un carboncillo original. Era un caballero en las cuevas de Botín junto a varias mujeres y una leyenda: “1725, Ripperdá, banquete por la paz”. El Barón de Ripperdá había celebrado en Botín la firma del Tratado de Viena. Botín, en 1725 ya era testigo de la historia.

‘Copichuela’, siesta y fiesta

A mi padre, Ignacio (Nacho), siempre se le ponía una sonrisa especial si iba a comer a Botín. Por allí pasaron sus admirados Benito Pérez Galdós (don Benito) y Ernest Hemingway.
Él, escritor también, gustaba sentarse a la mesa y respirar hondo. Además del inigualable olor a tostón recién asado, pensaba que algo quedaría en el aire del paso por allí de tan ilustres comensales.
Sacaba su pequeña libreta y con su diminuta letra tomaba apuntes de lo que más tarde se convertiría en un hermoso texto dedicado a tan magno momento. Y no había almuerzo que no cerrara con la exquisita tarta Botín. Después de un buen vino y un brindis a la salud de quienes, como él, cayeron rendidos ante el mejor restaurante de Madrid. ¡Chin, chin!
Después, volvía a sonreír, tomaba su bastón, y se despedía en la puerta con el deseo de volver una y cien veces más. Envalentonado y feliz, osaba subir todas las escaleras que enfilan hacia la Plaza Mayor para dar cuenta de una ‘copichuela’ que precedía a una merecida y reconfortante siesta para terminar su particular ‘Fiesta ‘. ¡Por ti, papá! Alcemos nuestras copas una vez más.

DE LA MANO DEL PASADO

Tras sesenta años, Amparo camina por la calle Cuchilleros, testigo de sus primeros cinco años de vida; después tocó emigrar. Desconoce el número donde estuvo ubicada su casa, por ello, sus pasos se toman tiempo a la espera de que algo despierte su memoria. Un nombre atrapa su atención: “Sobrino de Botín”.
La curiosidad la lleva a buscar información de inmediato en internet. Lo que lee la emociona y sorprende a partes iguales: “abierto ininterrumpidamente desde el año 1725”; pero eso no es todo, un párrafo más abajo descubre que su escritora favorita, María Dueñas, es asidua de este local, incluso lo ha mencionado en varias de sus novelas. No se arredra y accede a tan insigne establecimiento. De repente, la vista se nubla y nota cierto vahído. Respira hondo hasta recobrar el sosiego. Sin embargo, la imagen que capturan sus pupilas la desconciertan: parece un cuadro de Toulouse Lautrec. En una misma escena vislumbra diferentes épocas. Un rincón al fondo cobija la imponente figura de Hemingway, que copa de rioja en mano, conversa con el tabernero, y a continuación, se dispone a plasmar la última escena de su novela “Fiesta”. De pronto, dos mujeres, ajenas a tan ostentoso espacio, acarrean una pequeña cántara hasta la última mesa. Amparo se ve obligada a frenar el grito que pugna por salir; no tiene ninguna duda, son Fortunata y Jacinta. El deseo de reconocer al comensal provoca un incremento de la agudeza visual, y distingue, nada más y nada menos, que al creador de tan extraordinaria obra.
Este paseo por la historia le inyecta el coraje preciso para retomar la calle y poder localizar el punto de partida de su existencia.

Botín – Recuerdos

Me llamo Elisa Carter, y llegue a España de EEUU con mi padre William, Guillermo, y mi familia en 1954. Vivíamos en una pensión pequeña en el centro y fue allí donde conocimos a Don Antonio propietario de Casa Botín, donde íbamos a comer a menudo.
Mi madre quería preparar el pavo tradicional de Thanksgiving en noviembre, pero desafortunadamente no cabía en nuestro pequeño horno. Debido a su amistad, Don Antonio generosamente ofreció el famoso horno de Botín para su preparación, y así fue como logramos celebrar nuestra fiesta tradicional de forma especial.
En 1975 mis padres finalmente dejaron Madrid y se jubilaron en EEUU pero la amistad entre los dos permaneció. Don Antonio seguía comunicándose con mi padre a través de los Christmas dibujados por el en pluma y tinta de los varios rincones de Casa Botin.
Dos décadas después, yo volví a Madrid de visita y fui a saludar a Don Antonio de parte de mi padre. El me recordó, como la pequeña, y me pregunto si venia también a cenar. El restaurante estaba a tope y le conté que no tenía reserva y que había venido simplemente a saludarle, pero el insistió que cenara, invitándome a una copita de jerez con tapas de jamón, mientras esperaba mesa. Le comenté que era profesora de español en EEUU y que compartía con mis estudiantes los Christmas que mandaba a mi padre que también tenían la carta al revés. Entonces, Don Antonio insistió en que debería tener unos propios míos, trayéndome 12 dibujos diferentes enrollados como obsequio.
Estos, los he enmarcado y hoy en día están en mi cocina en Alicante donde ahora resido, como gran recuerdo de Casa Botín, y de Don Antonio, con su generosidad, amabilidad, y de la amistad entre él y mi padre.

Nunca se apagó — Ascuas Eternas

Hace tres siglos encendieron mi corazón de leña en el humilde mesón de la calle de Cuchilleros. Desde entonces ardo sin descanso. He visto reír a niños que décadas después volvieron convertidos en abuelos, he calentado el pan de artistas hambrientos y el alma de viajeros nostálgicos. Bajo mi luz anaranjada se han confesado amores secretos, se han sellado pactos y despedidas, y he llorado en silencio cuando la guerra oscureció Madrid.
Ni una sola noche permití que el frío apagara mi llama. Incluso en los peores tiempos, cuando el mundo fuera se desmoronaba, seguí ardiendo tercamente. Conozco el silencio de la madrugada, cuando el último comensal se marcha y solo mis brasas tenues alumbran las paredes centenarias. También conozco el bullicio alegre de las noches de celebración, los brindis y las risas que rebotan bajo estos viejos techos.
Soy el viejo horno de Botín, guardián de historias y sabores. En mis ladrillos habita la memoria: el susurro de una lejana canción de la tuna, la sonrisa de Hemingway ante un cochinillo dorado, el eco de los pasos de Goya sirviendo mesas antes de ser pintor. Cada amanecer, mis brasas dormidas despiertan con nueva leña, y mi fuego renace joven aunque tenga trescientos años. En el crepitar de mis llamas viven todos los abrazos, risas y lágrimas compartidas en torno a mi calor. Soy más que fuego: soy un puente entre generaciones, el calor de un hogar común que nunca se apagó.

Bases del concurso

A continuación te presentamos un resumen de los principales aspectos que regulan el concurso de microrrelatos “300 años de Botín”.
El objeto de la presente acción promocional es un concurso denominado "MICRORRELATOS 300 AÑOS DE BOTÍN" con la que se pretende promocionar el restaurante del organizador entre el público que cumpla con las condiciones y requisitos establecidos en estas Bases Legales, de forma que puedan optar al Premio detallado en las presentes Bases Legales. BOTÍN organiza un concurso con fines promocionales a desarrollar a través un jurado que escogerá el que a su juicio sea el microrrelato que mejor capture el alma, la leyenda y las curiosidades que giran en torno al restaurante y sus 300 años de historia. La participación al presente sorteo es gratuita y voluntaria y no supone mayor obligación que la de no la aceptación de las normas de las bases legales del mismo. Se deja constancia por el presente documento de que los participantes no tienen que abonar, como consecuencia del concurso propuesto, cantidad adicional alguna a Restaurante Botín S.L. Se informará y se hará promoción del presente concurso a través de las redes sociales oficiales y el sitio web de BOTÍN así como de medios de prensa escritos y online, radio o televisión, nota de prensa a medios y cualquier otro medio que pueda servir para comunicar el concurso. BOTÍN se reserva el derecho de efectuar cualquier cambio, suspender o ampliar esta promoción, siempre que lo comunica con antelación a los participantes y a los seguidores de las plataformas en las que se comunique a través de un COMUNICADO en sus páginas oficiales de los diferentes canales de comunicación y redes sociales donde se comunicó originalmente el sorteo.

El Periodo de Vigencia de la Acción (INSCRIPCIÓN), durante el cual se podrán realizar las actividades que dan derecho a participar en la misma, comienza el día 15 de JULIO de 2025 (apertura de plazo de inscripción) y termina el día 1 de NOVIEMBRE de 2025 a las 23:59 h. (cierre de recepción de participaciones).

El acto de ceremonia para la entrega de sus respectivos premios a los galardonados se realizará entre el 15-20 de diciembre, durante la celebración de la clausura del 300 aniversario del restaurante Botín.

BOTÍN se reserva el derecho de modificar a su conveniencia las fechas del concurso. La comunicación de las fechas y horas modificadas se hará según la misma mecánica aquí descrita.

BOTÍN organiza, el presente concurso: “MICRORRELATOS 300 AÑOS DE BOTÍN”, exclusivamente para usuarios mayores de edad (18+ años) residentes en España.

Los participantes deberán enviar un relato original, inédito y en español con una extensión máxima de 300 palabras (exceptuando el título)  a través del formulario de inscripción de la pagina https://botin.es/concurso-microrelatos/ . En dicho formulario se solicitarán los datos necesarios y la subida del relato. 

Tras la inscripción recibirán un correo de confirmación de la misma. En caso de no recibirlo contactar en el mail hola@geenius.es.

Los relatos deben llevar título y un nombre o pseudónimo y además se deben acompañar de los datos personales para una correcta participación: nombre completo, teléfono, DNI/pasaporte, ciudad, país de residencia y correo electrónico. Cada participante podrá enviar un solo relato con el que participar en el concurso.

No podrán participar en dicho sorteo los empleados del BOTÍN S.L., ni colaboradores directos o indirectos que hayan intervenido en la promoción o en la producción de los materiales correspondientes a los mismos, así como sus familiares hasta el segundo grado (inclusivo). Si se produjera tal circunstancia, BOTÍN descartará de forma automática estas participaciones. 

Dentro del periodo de vigencia, los participantes podrán enviar sus relatos inspirados en el restaurante BOTÍN abordando uno de los siguientes temas propuestos:

  • Anécdotas reales o ficticias.
  • Curiosidades históricas.
  • Experiencias personales en el restaurante.
  • Leyendas, cuentos o situaciones imaginarias ambientadas en Botín.
  • Referencias a personajes históricos o literarios vinculados (como Ernest Hemingway o Goya)

* Se considerarán nulas aquellas participaciones que se hayan realizado posteriormente al día de finalización del sorteo, así como las que no incluyan las características y requisitos solicitados, especialmente en aquellos casos en lo que se detecte cualquier intento de plagio o uso de IA generativa no supervisada, que serán automáticamente descalificadas.

* Se considerarán nulas aquellas participaciones correspondientes a perfiles o participantes fraudulentos, por ello será de obligado cumplimiento enviar el microrrelato en el formulario de suscripción junto a una copia de DNI. En caso de que BOTÍN – o sus colaboradores – detecte cualquier anomalía, fraude o sospeche que un participante está alterando su participación en el concurso, realizando de forma ilegal su registro o mecanizando o automatizando de la forma que fuese su participación, BOTÍN podrá eliminar la inscripción de ese participante y anular su participación.

* BOTÍN responderá a las consultas referentes al sorteo a través de sus redes sociales y el correo electrónico hola@geenius.es (Agencia gestora del concurso)

* La participación en el presente sorteo constituye la aceptación total e incondicional de las presentes condiciones de participación y de las decisiones de BOTÍN, las cuales resultan definitivas, vinculantes y a exclusivo criterio de este, sobre todos los temas relacionados al concurso de que se trate.

*El hecho de hacerse acreedor de un premio como se describe a continuación está sujeto al cumplimiento de todos los requerimientos establecidos por BOTÍN, en los presentes términos y condiciones, y las condiciones particulares debidamente comunicadas mediante la publicación del concurso

BOTÍN se reserva el derecho de no aceptar la participación en el concurso a aquellos participantes que no cumplan con las condiciones establecidas en estas bases.

* El concurso relacionado con la acción promocional tendrán lugar dentro del plazo indicado en el periodo de vigencia (punto 3 de estas bases legales).

Las condiciones particulares del concurso serán publicadas por BOTÍN antes del inicio del concurso a través de redes sociales.

* Pueden participar las personas mayores de 18 años de edad que emitan una participación que se ajusten a los requisitos y características contempladas en las presentes Condiciones Generales de participación.

* Cada participante sólo puede participar con una sola una sola vez, El correo electrónico de los participantes deberá corresponderse con una identidad real. Asimismo, los ganadores deberán ser los legítimos titulares del microrrelato con el que hayan participado.

* Los participantes tienen que ser mayores de edad con pasaporte o D.N.I. validos. La identidad de los participantes se acreditará exclusivamente por medio de documentos oficiales. Todos los datos facilitados por los participantes tienen que ser veraces. BOTÍN podrá solicitar copia de su D.N.I. a los ganadores. La falta de entrega de la documentación solicitada conllevará la eliminación inmediata del participante del sorteo promocional.

* No podrán participar en el sorteo las siguientes personas, ni sus cónyuges ascendientes o descendientes hasta el segundo grado: (i) Los trabajadores por cuenta ajena empleados en cualquiera de las sociedades y otras entidades con personalidad jurídica vinculadas a Restaurante Botín S.L. (ii) Las personas físicas que participen directa o indirectamente en el capital de Restaurante Botín S.L. (iii) Cualquier otra persona física que haya participado directa o indirectamente en esta Promoción o haya estado involucrado directa o indirectamente en su preparación o desarrollo (agencia, proveedores, etc.).

* Los participantes que, de conformidad con las Condiciones Generales y las Particulares, resulten galardonados, tendrán derecho a obtener uno de los premios que BOTÍN a elección por un jurado considere oportuno entre los relatos presentados y serán comunicados convenientemente en las plataformas anteriormente indicadas.

* Los ganadores del concurso serán seleccionados a través de un jurado que estará compuesto por miembros del equipo de BOTÍN, representantes del patrocinador de la acción promocional e ilustres del mundo literario y periodistas.

Los criterios de valoración incluirán:

  • Creatividad y originalidad.
  • Conexión emocional o histórica a Botín.
  • Calidad narrativa y estilo.

La deliberación de esta parte del jurado tendrá un peso del 80% sobre el total de la valoración. El 20% restante provendrá de la valoración del público a través de un sistema de votación en la web del restaurante Botín. https://botin.es/  

*Premios del concurso: del 15 de JULIO de 2025 al 1 de NOVIEMBRE de 2025:

1º PREMIO

– Aparecer como ganador en el libro digital del concurso de microrelatos de los 300 años de BOTÍN.

– 1 Jamón ibérico cortesía del patrocinador oficial de la acción promocional.

– 1 vino seleccionado por nuestra bodega patrocinadora oficial de la acción promocional.

– Comida para 2 personas en el Restaurante Botín, con menú degustación especial 300 aniversario.

– Invitación a la gala especial de la clausura de los actos de homenaje por el 300 aniversario.

2º, 3º, PREMIO

– Aparecer como segundo y tercer premio en el libro digital del concurso de microrelatos de los 300 años de BOTÍN.

– 1 vino seleccionado por nuestra bodega patrocinadora oficial de la acción promocional. Con la etiqueta de la celebración del 300 anviersario.

– Invitación a la gala especial de la clausura de los actos de homenaje por el 300 aniversario.

RESTO DE PARTICIPANTES

– Aparecer en el libro digital del concurso de microrelatos de los 300 años de BOTÍN ordenados desde el ganador.

*Los potenciales ganadores del concurso serán notificados por BOTÍN en el plazo máximo de quince (15) días desde la finalización del periodo de participación y alternativamente, el nombre del/de los ganador(es) se dará a conocer a través de las redes sociales de BOTÍN y/o llamada telefónica según la forma que se considere. 

* Los premios objeto de la presente Promoción quedan sujetos a estas Condiciones Generales y las Condiciones Particulares de aplicación en cada caso, y no será posible sustituirlos por dinero en metálico.

* Los premios no serán susceptibles de cambio, alteración o compensación a petición de los participantes en la Promoción.

* Si los participantes ganadores rechazan los premios, no se les ofrecerá ningún obsequio alternativo.

* Los premios serán personales e intransferibles. Queda prohibida la venta o comercialización de los premios.

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Concurso Microrelatos
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PRIMER PREMIO: Cita a Tres (Manuel Izquierdo).

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La Luz de las dos y cuarto

Siempre ha sido igual.

A las dos y cuarto, el sol se cuela por el mismo ángulo, roza la esquina de la mesa seis y deja una

mancha de oro temblorosa sobre el mantel. Cada día. Cada año. Cada siglo.

Ni los camareros lo notan ya. Pero esa luz lo ha visto todo.

Vio al joven soldado que apretaba la mano de su madre antes de partir. Vio al poeta anotar un

verso entre plato y plato, convencido de que no lo olvidaría. Vio cómo un niño derramaba la sopa y

lloraba como si fuera el fin del mundo, mientras su padre -duro, torpe, nervioso- le ofrecía pan por

primera vez.

Vio brindis con acento extranjero, promesas en voz baja, traiciones dulces.

También vio cómo ella dejaba de venir.

Era siempre a las dos y cuarto. Ella llegaba puntual, se sentaba sola, y sonreía como quien guarda

un secreto. Un día no volvió. Pero la luz siguió viniendo, igual que antes, como si aún la esperara.

Botín ha cambiado. Las paredes, los nombres, el precio del vino.

Solo la luz es fiel.

Y cada mediodía, cuando cruza la mesa seis, parece que algo -una risa, una ausencia, un

recuerdo- brilla unos segundos y luego se va.

Toda una vida

Paseábamos por Cuchilleros cuando, de pronto, paraste frente a Botín. Pusiste
esa expresión castigada de explorador sin brújula a la que ya me has
acostumbrado y fijaste la mirada en la puerta.

-¿Tienes hambre? – pregunté.
Entraste sin responder. Te seguí. El aroma que nos recibió, un velo suave de
vinos y carnes, me transportó enseguida hacia un tiempo sin manchas en la
piel ni asomos de despedida en cada gesto en el que el futuro no nos
preocupaba. Durante años fuimos clientes habituales de ese restaurante y traté
de recordar, sin suerte, nuestra última comida.
Nos sentaron junto a una ventana. Quise pedir algo fácil de masticar, pero te
negaste.

-Cochinillo para dos – dijiste.
Mientras esperábamos, guardamos silencio. Este silencio de espinas que nos
envuelve desde tu diagnóstico, y que sólo fue roto por el tintinear de los platos
y los vasos que llenaron nuestra mesa. Empezamos a comer y enseguida tu
rostro se relajó. Sonreíste y supe que habías regresado por unos minutos a
esta parte de la existencia.
-Llevabas un vestido blanco la primera vez que vinimos aquí. Yo estaba tan
nervioso que te lo manché con mi copa. Aquel día pensaba pedirte que te
casaras conmigo, pero no me atreví.

Me acariciaste la mano con tu confesión, y tuve que morderme las mejillas para
no llorar.

En cuanto salimos a la calle tu burbuja te atrapó de nuevo. Desde entonces,
siempre que siento la amenaza del olvido, volvemos a nuestra mesa de Botín,
pedimos cualquier cosa y al instante recuperas para los dos partes de nuestro
matrimonio que creíamos perdidas. Desconozco cuánto durará este prodigio
gastronómico que te despierta, ni cuál será tu extravío definitivo, pero sé que
mientras conservemos los dientes tendremos en el restaurante más antiguo del
mundo un aliado.

Cita a tres

La escalera saludó su llegada a la segunda planta del restaurante con el agradable crujido de la madera veterana. Por un momento dudó y ese momento de vacilación le hizo comprobar que en su bolsillo descansaba aún la intrigante invitación a cenar en el Botín, sin más detalles que aquella lacónica firma: La Duquesa.
Instintivamente, se arregló la ropa y atusó su pelo negrísimo, apenas roto por aquel mechón eternamente plateado. Sus ojos de color madreperla escrutaron la sala de inmaculado suelo en damero blanco y negro. En la única mesa ocupada había una sonriente viejecita de pelo ondulado, que atacaba complacida un suculento plato de cochinillo.
—Siéntese, joven —dijo la abuela sin perder la sonrisa—. Imagino sus dudas, pero por favor acompáñeme dando cuenta de esta cena y prometo aclararlas todas.
El joven obedeció, hechizado por la presencia amable de la anciana. Inmediatamente, un diligente camarero le sirvió una copa de brillante tinto y una porción del aromático cochinillo, situándose a su espalda discretamente.
—Yo soy quien le ha invitado a esta pequeña celebración. Concretamente, estamos celebrando mi reciente viudez —comentó sorprendentemente divertida la mujer—. Sé que es poca información, pero le aseguro que, a lo largo de la cena, le daré toda la que necesita. No se preocupe, pero, ahora, me interesa más conocerlo a usted.
—Eso es sencillo —contestó algo aturdido el muchacho—. Tengo treinta años, soy soltero y trabajo como maestro.
—¿Y sus padres viven? —continuó ella sin tiempo para el descanso.
—Me crie en un orfanato, nunca conocí a mis padres.
—Eso tiene arreglo —dijo la risueña anciana, achinando sus ojillos color madreperla, mientras cruzaba miradas de complicidad con el sonriente camarero, que atusaba su pelo negrísimo, apenas roto por aquel mechón eternamente plateado.

Nos reuniremos todos

Aquella serie televisiva no era producto de la imaginación de unos guionistas. Siempre sospechó que estaba basada en hechos reales y dedicó tiempo y esfuerzos a descubrirlo. Se entrevistó con expertos, consultó documentos y finalmente se lanzó a recorrer algunos de los laberintos subterráneos que se entrelazan en el Madrid de los Austrias.
-¡Rediós…! -dijo con profunda sorpresa. Soltó tan ruda expresión al descubrir que su búsqueda había terminado. Aunque solo veía un estrecho pasadizo y unos escalones en sentido ascendente, supo, nada más abrirla, que esa era la puerta. Y que al cruzarla para encontrarse frente a los vinos allí almacenados se adentraba en una nueva dimensión.
Estaba en la bodega de un venerable establecimiento. Posiblemente, del restaurante más antiguo del mundo. Confirmó la impresión al reconocer un reloj de péndulo y supo lo que estaba ocurriendo cuando vio a un inconfundible cliente sentado en la mesa que había ocupado cien años antes. La compartía con Lady Brett Ashley, protagonista de la novela Fiesta. En ella Hemingway dejaría escrito que su acompañante “no tomó gran cosa” y que abrieron tres botellas de La Rioja Alta. La misma cantidad que solía beber en Pamplona cuando al término del encierro disfrutaba del almuerzo.
Aquel nuevo viajero del tiempo comenzó a deshacer los pasos recorridos pensando en sucesivos retornos. Así iría conociendo a muchos de los protagonistas de la vida literaria, política, artística y social de los últimos siglos. Si bien, nada de todo eso sería necesario. Al cruzarse en su apresurada huida con un personaje al que no terminaba de identificar creyó escuchar la última revelación:
-Solo tienes que volver una vez más -le dijo-. Nos reuniremos todos cuando Casa Botín cumpla trescientos años.

Botín. Olores de un Madrid decimonónico

“…del Portillo a la Arganzuela…”
Así cantaban en “Las Leandras” sobre un Madrid del “chotis” y las verbenas, que re-
cibían nombre, por esas plantas recogidas de madrugada entre bailes, rondando San Juan, que acuñó el dicho “irse de verbena”. Plantas aromáticas, cuyo olor y fragancia similar al limón, no pudo, “ o no quiso”, impedir en un final de siglo de modistillas u organilleros, que imperasen también otros olores. Churros, entresijos, gallinejas, o el omnipresente cocido, de “Sota, Caballo y Rey”: sopa, legumbres y “sacramentos”. Puchero que Galdós frecuentaba, en aquella Posada-figón “Sobrino de Botín”, por lo que Valle-Inclán, con ácida crítica, le llama “Benito el Garbancero”.
Y si, elaborar recetas, es como pintar cuadros, de algo le debieron servir aquellas , cuándo se dice que, por sus cocinas hoy tricentenarias, aparece un joven Francisco, nacido en Fuendetodos, recién llegado de Zaragoza , para lavar platos e impregnarse, como su pincel, de colores y olores con sus guisos, en su ininterrumpido horno de leña.
¿Un Goya de 17 años, buscándose la vida entre cazuelas, en aquel inicial Botín? ¿Realidad? ¿Relato? Pudo ser.
Aquel Portillo de “Las Leandras”, cerraba la “cerca” de Felipe IV, por Embajadores y Peñuelas. Sus desagües en la alcantarilla general, aún no libre de olores, vertían a la exigua corriente del Manzanares ( “aprendiz de río” sentencia Quevedo).
A aquellos, se sumaba el olor a jabones de los lavaderos y el de las “casonas” de ganado, destinado a las naves del matadero cercano.
Según narra Baroja en “La Busca”, barrios con olor a molleja y lejía, también magistralmente descritos , en “Fortunata y Jacinta” por Galdós.
Olores de un Madrid decimonónico. Olores de aquel Madrid en blanco y negro de Don Pío o Don Benito. Olores de cocina tradicional, que hoy, en la calle de Cuchilleros, aún degustamos… ¡ 300 años después !
La luz de las dos y cuarto – Doménico Camus
Siempre ha sido igual.
A las dos y cuarto, el sol se cuela por el mismo ángulo, roza la esquina de la mesa seis y deja una mancha de oro temblorosa sobre el mantel. Cada día. Cada año. Cada siglo. Ni los camareros lo notan ya. Pero esa luz lo ha visto todo. Vio al joven soldado que apretaba la mano de su madre antes de partir. Vio al poeta anotar un verso entre plato y plato, convencido de que no lo olvidaría. Vio cómo un niño derramaba la sopa y lloraba como si fuera el fin del mundo, mientras su padre -duro, torpe, nervioso- le ofrecía pan por primera vez. Vio brindis con acento extranjero, promesas en voz baja, traiciones dulces. También vio cómo ella dejaba de venir. Era siempre a las dos y cuarto. Ella llegaba puntual, se sentaba sola, y sonreía como quien guarda un secreto. Un día no volvió. Pero la luz siguió viniendo, igual que antes, como si aún la esperara. Botín ha cambiado. Las paredes, los nombres, el precio del vino. Solo la luz es fiel. Y cada mediodía, cuando cruza la mesa seis, parece que algo -una risa, una ausencia, un recuerdo- brilla unos segundos y luego se va.

Rey Botín

-¡Majestad, escapémonos! ¡Vayamos a tomar un vino! La vida en palacio es rígida, distante, poco agradable. Vamos señor, ¡que un día es un día!
Eran las palabras de Antonio, el fiel ayuda de Cámara del Rey cuando empezaba a anochecer, un 24 de noviembre de 1725.
-Señor, conozco una taberna recién abierta, a cinco minutos de palacio, cerca de la Plaza Mayor, donde hacen las viandas más apetecibles que os podáis imaginar. Lo más alejado de los almuerzos protocolarios que tanto os aburren.
Tras pensarlo varias veces, el Rey accedió y le dijo:
-Antonio, espero que ese lugar del que me hablas no me decepcione. Sabes que he probado los mejores bocados de nuestra querida España y de tantos otros países por los que he viajado y, aunque me apetece salirme de la rutina de palacio, ni mi paladar ni mi estómago me permiten ya ciertas licencias, pero daremos una oportunidad a esa nueva taberna.
Sin guardias reales, ni alabarderos, ni custodios de otro tipo salieron intentando no dejarse ver por ese Madrid de candiles y luminarias de aceite. La calle en noviembre está semivacía, así que llegaron rápido y sin ser reconocidos.
El ambiente en Botín era especial. El contraste entre la calle fría y solitaria y la taberna casi llena, ruidosa y sobre todo caliente les hizo sentirse como dos amigos que fueran allí a diario. Antonio no se lo creía. ¡Estaba en Botín con el Rey sin que nadie se percatara!
Las viandas no defraudaron a ninguno. Verduras, asados y vino llenaron sus estómagos como pocas veces antes.
De regreso a palacio, el Rey que era poco hablador, se detuvo un instante. Antonio, se temió lo peor y, entonces, el Rey le dijo:
-Antonio, tendremos que repetir.
Repitieran o no, Antonio mantuvo siempre el secreto.

Un poco de Gloria

Mi mujer y yo llegamos a Madrid casi al mediodía. El momento perfecto, por otra parte, para acercarnos al restaurante Botín y disfrutar de una suculenta comida. Teníamos mesa reservada. Fue llegar, sentarnos y mezclarnos con los olores: era otro lugar, otro mundo, calles por las que había paseado Galdós y ahora estaban con nosotros. El Madrid castizo, los rincones más olvidados, que volvían ahora a nuestra memoria. Ya de niños, mi mujer y yo jugábamos cerca del restaurante y nos embriagaban los aromas. Me prometí que, si alguna vez, se convertía en mi esposa, la primera comilona sería aquí. Y cumplimos. Después, volvimos a encontrar el restaurante en las páginas de Galdós y sonreímos. Seguimos viniendo. Hoy, el solomillo Botín al champiñón se deshace en mi boca. La primera comida, una sopa, nos supo a gloria, como esta. Nieves, mi mujer, me mira y sonríe. Sabe que, ahora mismo, estamos en el mismo lugar, un Botín que ha recorrido una y otra vez nuestros días.

El sabor del tiempo

Desde el otro lado del mundo, donde los fogones chisporrotean con aromas exóticos y las mesas están cubiertas de historias de calle, mi alma se sienta a la espera de una luz que ya no es solo un fuego: el restaurante Botín. Se dice que el más antiguo del mundo, con sus paredes de ladrillo quemado y su techo de madera que cruje bajo el peso del tiempo, guarda recuerdos de reyes y rumores de amantes.
Yo, chef de la nueva cocina, llevo en mi pecho la pasión por los ingredientes que bailan entre fuego y agua. Cada día en mi cocina es una batalla contra lo ordinario; cada plato es un poema que espera ser leído. Pero hay un verso que no he podido completar: el sabor auténtico del cordero asado al horno de leña de Botín, ese que se dice que ha sido cocinado desde 1725.
El deseo se vuelve drama cuando recuerdo la primera vez que escuché la historia: un anciano maestro que me contó cómo su abuela le había enseñado a usar la piedra volcánica para cocinar el cordero más tierno bajo las estrellas de Madrid. Sus ojos brillaban como brasas; su voz era un eco del pasado. Me dije a mí mismo: “Este es mi destino”. Y así, con cada ingrediente importado y cada receta experimentada, me preparo para cruzar mares y montañas.
El anhelo crece cuando pienso en la cocina de Botín: las largas vigas que sostienen el techo, el olor a madera quemada mezclado con la brisa nocturna, el murmullo del río Manzanares que parece susurrar secretos antiguos. Quiero sentir ese aire en mis pulmones, cociar bajo esa luz tenue y escuchar el crujido del horno como si fuera una sinfonía ancestral.
La historia me impulsa a seguir adelante. He enviado cartas al restaurante, enviado fotos de mi cocina al mundo entero y he esperado una respuesta como si fuera un faro en la distancia. Cada día me acerco más a esa meta con la certeza de que mi deseo no es solo mío; es un puente entre dos mundos culinarios.
Y ahora, mientras escribo este microrelato en mi cuaderno, siento cómo el fuego interior arde más fuerte que nunca. El sueño sigue vivo: cruzar fronteras para conocer Botín y llevarle a casa la chispa del fuego antiguo junto a mi propio toque moderno. Porque en cada plato se escribe una historia y yo quiero escribir la mía junto al legado del restaurante más antiguo jamás construido.

EL ENIGMA DESVELADO

Mi abuelo, trabajador en Random House, me dejó al morir una carpeta con escritos y recuerdos, entre ellos una hoja amarillenta con un soneto que había recibido de James Michener en 1968, cuando entregó el manuscrito de Iberia para ser publicado. Decía:

Entre cuchillos y fiesta, la condesa
Se quitaba el calzado sin cordura
Hemingway rechazaba el agua pura
La del Alba olvidaba ser duquesa
Ni Truman ni Graham se pensaron
Compartir con Galdós su gran Fortuna
Bebiéndose las uvas de una en una
Entre ricos manjares que allí asaron
Allí juntáronse pueblo y realeza
No busquéis bajo puerta ni ventana
Entre baldas, la alacena y tu cabeza
El secreto poco a poco se desgrana
Pues la fecha se tornará en certeza
Si al Barón te lo encuentras en jarana

En junio de 2025, preparando mi viaje a España para perfeccionar el idioma, recordé el viejo enigma y quise resolverlo. Descubrí anotaciones del abuelo que decían: “Truman Capote”, “Graham Greene”, “¿Duquesa de Alba?”, “Galdós”, “Hemingway” y “Condesa descalza ¿Ava Gardner?”. Metí esos nombres en la IA añadiendo “manjares” y “asados”, y ¡Eureka!, saltó la respuesta: “Restaurante Botín, Madrid”. A mis 22 años no podía entenderlo, pero busqué y comprendí. Esos personajes, también Michener, habían tenido en Botín su casa. Ya en Madrid, me fui al Restaurante y mostré mi descubrimiento. Indagamos en las alacenas y en una de ellas, que quedaba a la altura de la cabeza, al palparla con fuerza dejó al descubierto un secreter oculto con un carboncillo original. Era un caballero en las cuevas de Botín junto a varias mujeres y una leyenda: “1725, Ripperdá, banquete por la paz”. El Barón de Ripperdá había celebrado en Botín la firma del Tratado de Viena. Botín, en 1725 ya era testigo de la historia.

‘Copichuela’, siesta y fiesta

A mi padre, Ignacio (Nacho), siempre se le ponía una sonrisa especial si iba a comer a Botín. Por allí pasaron sus admirados Benito Pérez Galdós (don Benito) y Ernest Hemingway.
Él, escritor también, gustaba sentarse a la mesa y respirar hondo. Además del inigualable olor a tostón recién asado, pensaba que algo quedaría en el aire del paso por allí de tan ilustres comensales.
Sacaba su pequeña libreta y con su diminuta letra tomaba apuntes de lo que más tarde se convertiría en un hermoso texto dedicado a tan magno momento. Y no había almuerzo que no cerrara con la exquisita tarta Botín. Después de un buen vino y un brindis a la salud de quienes, como él, cayeron rendidos ante el mejor restaurante de Madrid. ¡Chin, chin!
Después, volvía a sonreír, tomaba su bastón, y se despedía en la puerta con el deseo de volver una y cien veces más. Envalentonado y feliz, osaba subir todas las escaleras que enfilan hacia la Plaza Mayor para dar cuenta de una ‘copichuela’ que precedía a una merecida y reconfortante siesta para terminar su particular ‘Fiesta ‘. ¡Por ti, papá! Alcemos nuestras copas una vez más.

DE LA MANO DEL PASADO

Tras sesenta años, Amparo camina por la calle Cuchilleros, testigo de sus primeros cinco años de vida; después tocó emigrar. Desconoce el número donde estuvo ubicada su casa, por ello, sus pasos se toman tiempo a la espera de que algo despierte su memoria. Un nombre atrapa su atención: “Sobrino de Botín”.
La curiosidad la lleva a buscar información de inmediato en internet. Lo que lee la emociona y sorprende a partes iguales: “abierto ininterrumpidamente desde el año 1725”; pero eso no es todo, un párrafo más abajo descubre que su escritora favorita, María Dueñas, es asidua de este local, incluso lo ha mencionado en varias de sus novelas. No se arredra y accede a tan insigne establecimiento. De repente, la vista se nubla y nota cierto vahído. Respira hondo hasta recobrar el sosiego. Sin embargo, la imagen que capturan sus pupilas la desconciertan: parece un cuadro de Toulouse Lautrec. En una misma escena vislumbra diferentes épocas. Un rincón al fondo cobija la imponente figura de Hemingway, que copa de rioja en mano, conversa con el tabernero, y a continuación, se dispone a plasmar la última escena de su novela “Fiesta”. De pronto, dos mujeres, ajenas a tan ostentoso espacio, acarrean una pequeña cántara hasta la última mesa. Amparo se ve obligada a frenar el grito que pugna por salir; no tiene ninguna duda, son Fortunata y Jacinta. El deseo de reconocer al comensal provoca un incremento de la agudeza visual, y distingue, nada más y nada menos, que al creador de tan extraordinaria obra.
Este paseo por la historia le inyecta el coraje preciso para retomar la calle y poder localizar el punto de partida de su existencia.

Botín – Recuerdos

Me llamo Elisa Carter, y llegue a España de EEUU con mi padre William, Guillermo, y mi familia en 1954. Vivíamos en una pensión pequeña en el centro y fue allí donde conocimos a Don Antonio propietario de Casa Botín, donde íbamos a comer a menudo.
Mi madre quería preparar el pavo tradicional de Thanksgiving en noviembre, pero desafortunadamente no cabía en nuestro pequeño horno. Debido a su amistad, Don Antonio generosamente ofreció el famoso horno de Botín para su preparación, y así fue como logramos celebrar nuestra fiesta tradicional de forma especial.
En 1975 mis padres finalmente dejaron Madrid y se jubilaron en EEUU pero la amistad entre los dos permaneció. Don Antonio seguía comunicándose con mi padre a través de los Christmas dibujados por el en pluma y tinta de los varios rincones de Casa Botin.
Dos décadas después, yo volví a Madrid de visita y fui a saludar a Don Antonio de parte de mi padre. El me recordó, como la pequeña, y me pregunto si venia también a cenar. El restaurante estaba a tope y le conté que no tenía reserva y que había venido simplemente a saludarle, pero el insistió que cenara, invitándome a una copita de jerez con tapas de jamón, mientras esperaba mesa. Le comenté que era profesora de español en EEUU y que compartía con mis estudiantes los Christmas que mandaba a mi padre que también tenían la carta al revés. Entonces, Don Antonio insistió en que debería tener unos propios míos, trayéndome 12 dibujos diferentes enrollados como obsequio.
Estos, los he enmarcado y hoy en día están en mi cocina en Alicante donde ahora resido, como gran recuerdo de Casa Botín, y de Don Antonio, con su generosidad, amabilidad, y de la amistad entre él y mi padre.

Nunca se apagó — Ascuas Eternas

Hace tres siglos encendieron mi corazón de leña en el humilde mesón de la calle de Cuchilleros. Desde entonces ardo sin descanso. He visto reír a niños que décadas después volvieron convertidos en abuelos, he calentado el pan de artistas hambrientos y el alma de viajeros nostálgicos. Bajo mi luz anaranjada se han confesado amores secretos, se han sellado pactos y despedidas, y he llorado en silencio cuando la guerra oscureció Madrid.
Ni una sola noche permití que el frío apagara mi llama. Incluso en los peores tiempos, cuando el mundo fuera se desmoronaba, seguí ardiendo tercamente. Conozco el silencio de la madrugada, cuando el último comensal se marcha y solo mis brasas tenues alumbran las paredes centenarias. También conozco el bullicio alegre de las noches de celebración, los brindis y las risas que rebotan bajo estos viejos techos.
Soy el viejo horno de Botín, guardián de historias y sabores. En mis ladrillos habita la memoria: el susurro de una lejana canción de la tuna, la sonrisa de Hemingway ante un cochinillo dorado, el eco de los pasos de Goya sirviendo mesas antes de ser pintor. Cada amanecer, mis brasas dormidas despiertan con nueva leña, y mi fuego renace joven aunque tenga trescientos años. En el crepitar de mis llamas viven todos los abrazos, risas y lágrimas compartidas en torno a mi calor. Soy más que fuego: soy un puente entre generaciones, el calor de un hogar común que nunca se apagó.

Bases del concurso

A continuación te presentamos un resumen de los principales aspectos que regulan el concurso de microrrelatos “300 años de Botín”.
El objeto de la presente acción promocional es un concurso denominado "MICRORRELATOS 300 AÑOS DE BOTÍN" con la que se pretende promocionar el restaurante del organizador entre el público que cumpla con las condiciones y requisitos establecidos en estas Bases Legales, de forma que puedan optar al Premio detallado en las presentes Bases Legales. BOTÍN organiza un concurso con fines promocionales a desarrollar a través un jurado que escogerá el que a su juicio sea el microrrelato que mejor capture el alma, la leyenda y las curiosidades que giran en torno al restaurante y sus 300 años de historia. La participación al presente sorteo es gratuita y voluntaria y no supone mayor obligación que la de no la aceptación de las normas de las bases legales del mismo. Se deja constancia por el presente documento de que los participantes no tienen que abonar, como consecuencia del concurso propuesto, cantidad adicional alguna a Restaurante Botín S.L. Se informará y se hará promoción del presente concurso a través de las redes sociales oficiales y el sitio web de BOTÍN así como de medios de prensa escritos y online, radio o televisión, nota de prensa a medios y cualquier otro medio que pueda servir para comunicar el concurso. BOTÍN se reserva el derecho de efectuar cualquier cambio, suspender o ampliar esta promoción, siempre que lo comunica con antelación a los participantes y a los seguidores de las plataformas en las que se comunique a través de un COMUNICADO en sus páginas oficiales de los diferentes canales de comunicación y redes sociales donde se comunicó originalmente el sorteo.

El Periodo de Vigencia de la Acción (INSCRIPCIÓN), durante el cual se podrán realizar las actividades que dan derecho a participar en la misma, comienza el día 15 de JULIO de 2025 (apertura de plazo de inscripción) y termina el día 1 de NOVIEMBRE de 2025 a las 23:59 h. (cierre de recepción de participaciones).

El acto de ceremonia para la entrega de sus respectivos premios a los galardonados se realizará entre el 15-20 de diciembre, durante la celebración de la clausura del 300 aniversario del restaurante Botín.

BOTÍN se reserva el derecho de modificar a su conveniencia las fechas del concurso. La comunicación de las fechas y horas modificadas se hará según la misma mecánica aquí descrita.

BOTÍN organiza, el presente concurso: “MICRORRELATOS 300 AÑOS DE BOTÍN”, exclusivamente para usuarios mayores de edad (18+ años) residentes en España.

Los participantes deberán enviar un relato original, inédito y en español con una extensión máxima de 300 palabras (exceptuando el título)  a través del formulario de inscripción de la pagina https://botin.es/concurso-microrelatos/ . En dicho formulario se solicitarán los datos necesarios y la subida del relato. 

Tras la inscripción recibirán un correo de confirmación de la misma. En caso de no recibirlo contactar en el mail hola@geenius.es.

Los relatos deben llevar título y un nombre o pseudónimo y además se deben acompañar de los datos personales para una correcta participación: nombre completo, teléfono, DNI/pasaporte, ciudad, país de residencia y correo electrónico. Cada participante podrá enviar un solo relato con el que participar en el concurso.

No podrán participar en dicho sorteo los empleados del BOTÍN S.L., ni colaboradores directos o indirectos que hayan intervenido en la promoción o en la producción de los materiales correspondientes a los mismos, así como sus familiares hasta el segundo grado (inclusivo). Si se produjera tal circunstancia, BOTÍN descartará de forma automática estas participaciones. 

Dentro del periodo de vigencia, los participantes podrán enviar sus relatos inspirados en el restaurante BOTÍN abordando uno de los siguientes temas propuestos:

  • Anécdotas reales o ficticias.
  • Curiosidades históricas.
  • Experiencias personales en el restaurante.
  • Leyendas, cuentos o situaciones imaginarias ambientadas en Botín.
  • Referencias a personajes históricos o literarios vinculados (como Ernest Hemingway o Goya)

* Se considerarán nulas aquellas participaciones que se hayan realizado posteriormente al día de finalización del sorteo, así como las que no incluyan las características y requisitos solicitados, especialmente en aquellos casos en lo que se detecte cualquier intento de plagio o uso de IA generativa no supervisada, que serán automáticamente descalificadas.

* Se considerarán nulas aquellas participaciones correspondientes a perfiles o participantes fraudulentos, por ello será de obligado cumplimiento enviar el microrrelato en el formulario de suscripción junto a una copia de DNI. En caso de que BOTÍN – o sus colaboradores – detecte cualquier anomalía, fraude o sospeche que un participante está alterando su participación en el concurso, realizando de forma ilegal su registro o mecanizando o automatizando de la forma que fuese su participación, BOTÍN podrá eliminar la inscripción de ese participante y anular su participación.

* BOTÍN responderá a las consultas referentes al sorteo a través de sus redes sociales y el correo electrónico hola@geenius.es (Agencia gestora del concurso)

* La participación en el presente sorteo constituye la aceptación total e incondicional de las presentes condiciones de participación y de las decisiones de BOTÍN, las cuales resultan definitivas, vinculantes y a exclusivo criterio de este, sobre todos los temas relacionados al concurso de que se trate.

*El hecho de hacerse acreedor de un premio como se describe a continuación está sujeto al cumplimiento de todos los requerimientos establecidos por BOTÍN, en los presentes términos y condiciones, y las condiciones particulares debidamente comunicadas mediante la publicación del concurso

BOTÍN se reserva el derecho de no aceptar la participación en el concurso a aquellos participantes que no cumplan con las condiciones establecidas en estas bases.

* El concurso relacionado con la acción promocional tendrán lugar dentro del plazo indicado en el periodo de vigencia (punto 3 de estas bases legales).

Las condiciones particulares del concurso serán publicadas por BOTÍN antes del inicio del concurso a través de redes sociales.

* Pueden participar las personas mayores de 18 años de edad que emitan una participación que se ajusten a los requisitos y características contempladas en las presentes Condiciones Generales de participación.

* Cada participante sólo puede participar con una sola una sola vez, El correo electrónico de los participantes deberá corresponderse con una identidad real. Asimismo, los ganadores deberán ser los legítimos titulares del microrrelato con el que hayan participado.

* Los participantes tienen que ser mayores de edad con pasaporte o D.N.I. validos. La identidad de los participantes se acreditará exclusivamente por medio de documentos oficiales. Todos los datos facilitados por los participantes tienen que ser veraces. BOTÍN podrá solicitar copia de su D.N.I. a los ganadores. La falta de entrega de la documentación solicitada conllevará la eliminación inmediata del participante del sorteo promocional.

* No podrán participar en el sorteo las siguientes personas, ni sus cónyuges ascendientes o descendientes hasta el segundo grado: (i) Los trabajadores por cuenta ajena empleados en cualquiera de las sociedades y otras entidades con personalidad jurídica vinculadas a Restaurante Botín S.L. (ii) Las personas físicas que participen directa o indirectamente en el capital de Restaurante Botín S.L. (iii) Cualquier otra persona física que haya participado directa o indirectamente en esta Promoción o haya estado involucrado directa o indirectamente en su preparación o desarrollo (agencia, proveedores, etc.).

* Los participantes que, de conformidad con las Condiciones Generales y las Particulares, resulten galardonados, tendrán derecho a obtener uno de los premios que BOTÍN a elección por un jurado considere oportuno entre los relatos presentados y serán comunicados convenientemente en las plataformas anteriormente indicadas.

* Los ganadores del concurso serán seleccionados a través de un jurado que estará compuesto por miembros del equipo de BOTÍN, representantes del patrocinador de la acción promocional e ilustres del mundo literario y periodistas.

Los criterios de valoración incluirán:

  • Creatividad y originalidad.
  • Conexión emocional o histórica a Botín.
  • Calidad narrativa y estilo.

La deliberación de esta parte del jurado tendrá un peso del 80% sobre el total de la valoración. El 20% restante provendrá de la valoración del público a través de un sistema de votación en la web del restaurante Botín. https://botin.es/  

*Premios del concurso: del 15 de JULIO de 2025 al 1 de NOVIEMBRE de 2025:

1º PREMIO

– Aparecer como ganador en el libro digital del concurso de microrelatos de los 300 años de BOTÍN.

– 1 Jamón ibérico cortesía del patrocinador oficial de la acción promocional.

– 1 vino seleccionado por nuestra bodega patrocinadora oficial de la acción promocional.

– Comida para 2 personas en el Restaurante Botín, con menú degustación especial 300 aniversario.

– Invitación a la gala especial de la clausura de los actos de homenaje por el 300 aniversario.

2º, 3º, PREMIO

– Aparecer como segundo y tercer premio en el libro digital del concurso de microrelatos de los 300 años de BOTÍN.

– 1 vino seleccionado por nuestra bodega patrocinadora oficial de la acción promocional. Con la etiqueta de la celebración del 300 anviersario.

– Invitación a la gala especial de la clausura de los actos de homenaje por el 300 aniversario.

RESTO DE PARTICIPANTES

– Aparecer en el libro digital del concurso de microrelatos de los 300 años de BOTÍN ordenados desde el ganador.

*Los potenciales ganadores del concurso serán notificados por BOTÍN en el plazo máximo de quince (15) días desde la finalización del periodo de participación y alternativamente, el nombre del/de los ganador(es) se dará a conocer a través de las redes sociales de BOTÍN y/o llamada telefónica según la forma que se considere. 

* Los premios objeto de la presente Promoción quedan sujetos a estas Condiciones Generales y las Condiciones Particulares de aplicación en cada caso, y no será posible sustituirlos por dinero en metálico.

* Los premios no serán susceptibles de cambio, alteración o compensación a petición de los participantes en la Promoción.

* Si los participantes ganadores rechazan los premios, no se les ofrecerá ningún obsequio alternativo.

* Los premios serán personales e intransferibles. Queda prohibida la venta o comercialización de los premios.

* El premio está sujeto a disponibilidad al momento de finalizar la promoción, así que BOTÍN se reserva, en caso de obligada necesidad, el derecho de sustituir los premios, total o parcialmente, por premios de similares características y/o de valor comparable y/o de otros proveedores o patrocinadores.

* Si se evidenciase que cualquiera de los ganadores no cumple con los requisitos exigidos por las presentes condiciones, o los datos proporcionados para participar no fueran válidos, o bien no acreditara lo que le sea solicitado, su participación se considerará nula y quedará automáticamente excluido de la promoción, perdiendo todo derecho sobre los premios otorgados, sin la obligación para BOTÍN de realizar alguna notificación o dar alguna indemnización al participante.

El premio otorgado a un participante ganador no elegible quedará vacante y se podrá otorgar a un participante suplente.

* Los ganadores tendrán quince (15) días naturales a contar desde recepción de la comunicación en la que se les informa de que han ganado, para ponerse en contacto con BOTÍN y aceptar su premio. En el caso de que el ganador tarde más de quince (15) días naturales en ponerse en contacto con BOTÍN, se entenderá́ que este renuncia de forma irrevocable al premio concedido que quedará anulado, sin que la renuncia otorga al ganador derecho a compensación o indemnización. BOTÍN se reserva el derecho de elegir un nuevo ganador para el premio que no haya sido concedido entre el resto de participantes, una vez transcurrido el periodo máximo establecido para concesión del premio.

* Será responsabilidad de los ganadores utilizar, aplicar y/o destinar los premios que reciban al uso goce y destino que naturalmente le correspondan. BOTÍN no se responsabiliza por daños a terceros derivados de la manipulación y/o uso que se realice de los premios.

* Los premios se entregarán físicamente durante una gala de entrega de premios el 27 de diciembre de 2025, durante el evento de clausura por el 300 aniversario de BOTÍN. Es responsabilidad del ganador acudir al lugar que indique para recibir su premio.

* Se establece un plazo de QUINCE (15) días naturales desde la fecha de concesión del premio para efectuar cualquier reclamación motivada en relación a esta promoción.

* BOTÍN no será responsable si el ganador no puede recibir su premio por causas distintas y/o fuera de su control o acontecimientos de fuerza mayor o si renuncia al derecho de aceptarlo, perdiendo en ambos casos todos los derechos que pudiera tener en relación con su premio.

* BOTÍN no se responsabiliza de las posibles pérdidas, deterioros, robos, retrasos o cualquiera otra circunstancia imputable a terceros que puedan afectar al desarrollo de la presente promoción.

* En ningún caso BOTÍN será responsable de los servicios de cualquier otra entidad con la que esta colabore en la prestación de los servicios a los agraciados, como consecuencia de los premios entregados, así como los derivados de una actuación negligente en el disfrute de los mismos.

* BOTÍN excluye cualquier responsabilidad por daños y perjuicios de toda naturaleza que puedan deberse a la falta temporal de disponibilidad o de continuidad del funcionamiento de las redes de telecomunicaciones o de la aplicación o redes sociales con las que se emitirá una parte del voto del jurado a través de los likes de los usuarios.

* BOTÍN no asume responsabilidad en casos de fuerza mayor o caso fortuito que pudieran impedir la realización del concurso o el disfrute total o parcial de los premios. En caso de que esta promoción no pudiera realizarse, bien por fraudes detectados en la misma, errores técnicos, o cualquier otro motivo que no esté bajo el control de BOTÍN y que afecte al normal desarrollo de la promoción, BOTÍN se reserva el derecho a cancelar, modificar, o suspender la misma.

* BOTÍN no se responsabiliza de los daños ocasionados por los comentarios enviados por los usuarios en las publicaciones que se hagan de los microrrelatos en redes sociales, y que en un momento dado pueda herir la sensibilidad de los participantes. Sin que se pueda considerar obligación suya, BOTÍN se reserva el derecho de eliminar o denunciar dicho contenido.

* BOTÍN queda eximida de cualquier responsabilidad en el supuesto de existir algún error en los datos facilitados por los propios agraciados que impidiera su identificación o la entrega de su premio.

* BOTÍN se reserva el derecho a efectuar cambios que redunden en el buen fin del concurso cuando concurra causa justa o motivos de fuerza mayor que impidan llevarla a término en la forma en que recogen las presentes bases.

* BOTÍN se reserva el derecho a aplazar, adelantar, ampliar, o suspender el concurso, así como la facultad de interpretar, ampliar o modificar las presentes bases legales.

* La participación en el concurso implica la aceptación de las presentes bases, por lo que la manifestación en el sentido de no aceptación de la totalidad o parte de las mismas implicará la exclusión del participante y, como consecuencia de ello, BOTÍN quedará liberado del cumplimiento de la obligación contraída con dicho participante.

*Correrán a cuenta y cargo de los ganadores cualesquiera cargas tributarias que la aceptación del premio pudiera suponerles, así́ como cualquier otro gasto derivado de la promoción que no esté expresamente asumido por BOTÍN en las presentes Bases Legales.

* BOTÍN se reserva el derecho de difundir el nombre de los ganadores por los medios y formas de comunicación que crea conveniente, durante todo el tiempo que considere necesario y sin obligación de realizar compensación alguna. El nombre del ganador podrá ser publicado por BOTÍN en su página de Internet, redes sociales o donde éste considere conveniente.

* Cada participante acepta que su nombre, su imagen, personaje, voz y retratos, vídeos y testimonios en relación con el concurso a cualquier participante, aparezcan públicamente en la página web de BOTÍN, tanto como para la incorporación de la misma a cualquier operación comercial o promocional nacional, en cualquier modalidad, medio o soporte (incluyendo medios impresos, radiofónicos, televisivos, telefonía móvil e Internet). Adicionalmente, los participantes ganadores se comprometen a colaborar con las actividades promocionales llevadas a cabo por el Organizador.

*Los participantes en el sorteo ceden a BOTÍN, en exclusiva, para todo el mundo y con facultad de cesión a terceros, todos los derechos de explotación que pudieran corresponderles sobre su imagen y los contenidos presentados a la promoción, para su eventual explotación en cualquier modalidad, medio y/o soporte conocido y por el plazo máximo de vigencia de dichos derechos en cada territorio.

* Asimismo, los participantes renuncian a todo reclamo de regalías, derechos o remuneración por dicho uso. Las cesiones efectuadas en la presente cláusula se efectúan a título gratuito, no dando pie a ninguna contraprestación distinta del premio a los participantes ganadores.

* BOTÍN por su parte se compromete a no utilizar ninguna acción realizada por los participantes para actividades de publicidad ajenas al concurso en el cual participan salvo acuerdo en contrario.

* Los textos no deberán contener expresiones que no sean aptas para todos los públicos, incluyendo, por tanto, textos indecorosos o que no se consideren apropiados o que hieran la sensibilidad general.

* Tampoco se permitirán textos que vayan en contra de un particular, que vulneren los principios de derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen, respeto a la dignidad de la persona, principio de no discriminación por motivos de raza, sexo, orientación sexual, religión, opinión, nacionalidad, discapacidad o cualquier otra circunstancia personal o social, así como otros principios que puedan resultar vulnerados.

* Estarán también prohibidos aquellos textos y comentarios en redes sociales que sean despectivos al resto de participantes.

* BOTÍN se reserva el derecho de eliminar los contenidos considerados ofensivos, y se declina toda la responsabilidad legal y jurídica de todos los comentarios sobre los microrrelatos en redes sociales.

* BOTÍN no es responsable de ni supervisa en modo alguno los comentarios de los usuarios. No obstante, y aún sin estar obligado a ello, BOTÍN se reserva el derecho a no publicar o a eliminar comentarios que: (i) Sean difamatorios, injuriosos, falsos, engañosos, infundados o no probados; insultantes, amenazantes o groseros, obscenos, sexualmente explícitos, racistas, insultantes, provocadores, sexistas, homófobos o discriminatorios o censurables por cualquier otro motivo. Esto incluye las palabras que incluyan asteriscos en sustitución de algunas de sus letras; (ii) No se estimen relacionados con la temática del concurso y/o las discusiones mantenidas en el mismo; (iii) Incluyan información de contacto y/o datos personales como, por ejemplo, números de teléfono, direcciones postales o de correo electrónico, cuentas bancarias, etc.; (iv) Promocionen productos o servicios con fines de lucro y/o otros fines comerciales; (v) Pueda considerarse que representan el uso de sistemas de mensajería electrónica para enviar mensajes no solicitados de forma indiscriminada (spam); (vi) Resulten de algún modo ilegales y/o justifiquen o fomenten actividades ilegales o no cumplan con la totalidad de la legislación aplicable; (vii) Vulneren, directa o indirectamente, derechos de terceros, incluyendo la violación de derechos de propiedad industrial e intelectual, secretos comerciales, know-how, así como el derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen; (viii) Pretenda suplantar a una persona distinta del usuario; (ix) Incluyan enlaces a otros sitios web y/o procedan de un nombre de usuario cuyo contenido infrinja las presentes Bases Legales; y/o (x) la publicación de comentarios personales u ofensivos sobre BOTÍN o los participantes del concurso.

Formulario de inscripción

Rellena el formulario para participar en el concurso. Recibirás un corre de confirmación de tu envío. Recuerda revisar la bandeja de SPAM. En caso de no recibir el correo de confirmación contacta con nosotros en el mail que aparece en las bases del concurso en la sección "Mecánica del concurso".

Es hora de enviarnos tu micro relato. Recuerda antes de enviarlo leer detenidamente las bases del concurso. Si tienes cualquier duda contacta con nosotros en el email que hay en las bases o través de redes sociales con el asunto: CONCURSO MICRORELATOS: (tu pregunta).
El formato del microrelato debe ser PDF o .docx o .docx. El nombre del archivo debe ser el PSEUDONIMO. Máximo 300 palabras sin incuir el título. Resto de requisitos en las bases del concurso. 
Aceptación bases del concurso.
Datos y tratamiento:
De conformidad con el Reglamento (UE) 2016/679 y la Ley Orgánica 3/2018 de Protección de Datos Personales y Garantía de los Derechos Digitales, RESTAURANTE BOTÍN, S.L. , con domicilio en Calle calle Cuchilleros, 17, 28005, Madrid., le informa de que los datos recogidos mediante este formulario, incluyendo su documento de identidad y otros archivos enviados, serán tratados exclusivamente con la finalidad de gestionar su participación en el Concurso de Microrelatos. En caso de participantes menores de edad, los datos se tratarán con base en el consentimiento otorgado por su representante legal. Los datos no se cederán a terceros salvo obligación legal y serán conservados durante el tiempo estrictamente necesario para la gestión y resolución del concurso. Puede ejercer sus derechos de acceso, rectificación, supresión, oposición, portabilidad y limitación enviando solicitud escrita a oficina@restaurantebotin.com, adjuntando copia de su documento de identidad.

IMPORTANTE: en el caso de tener problema con el formulario y no poder enviar correctamente el micro relato puede enviar un MAIL haciendo clic AQUI: en el mail debe poner los siguientes datos: 

  • Nombre y apellidos
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  • Titulo del microrelato
  • Archivo pdf o .doc del microrelato con el Pseudonimo como nombre del archivo

Gracias